Correr, saltar, luchar... sentir.
Como el guerrero en mitad de la batalla. Cuando el humo te rodea, cuando el dolor te inunda, cuando el alivio llega. Y me has dejado tu marca en la piel, has curado mi dolor, allí donde había heridas sólo queda una cicatriz, y no quieres borrarla por miedo al olvido. Y deberías saber que yo no se olvidar.
El poder brilla en tu mirada, incluso has sido capaz de hacer frente al mismísimo sol, y no lograrás llegar a saberlo, y día a día lo seguirás haciendo y yo te mirare comprensivo, esperando que te des cuenta. Hay tantas cosas que fingimos no saber y que llegamos a creernos. Pero me he colado bajo tus defensas, buceando en ti, intentando conocerte, saboreándote y he encontrado tesoros escondidos, lugares ocultos...
Tu contacto reconfortante borra el dolor, y deja la melancolía. Por respuesta, la sempiterna sonrisa de la derrota bien entendida...